En pocos segundos más, se acercará sigilosa, altiva, ligera.
Con gesto prudente ocupará su lugar ante el piano y recibirá con ademán casi imperceptible, el elocuente homenaje de este exclusivo auditorio.
Aparecerá esbelta; envuelta en su vestido de gasa azul deslumbrará a su público con su elegancia innata, en una aparición casi etérea.
La sala se ve colmada de admiradores que esperan con regocijo su incesante entrega.
Han venido todos. Es un gran día, como antes, como en las mejores épocas.
El murmullo es incesante, pronto han de bajar las luces y guiarán los focos hacia el lugar por donde ella accederá al escenario.
Elogiarán su garbo y aprobarán su creación divina una y otra vez, hasta culminar de pie con un merecido aplauso como entrega del reconocimiento que coronará este evento.
Estaré allí; me transportará con cada nota, con cada acorde elevará mi alma hasta los lugares más recónditos del universo todo.
Estaré allí, no de la forma en que lo habíamos imaginado. Aprobaré en silencio cada sublime nota que se desprenda de sus inmaculadas manos, como vuelo de pájaro, en busca de la esencia de mi espíritu.
Disfrutaré su música que, como tantas veces, me hará flotar hasta transportarme a los jardines del Castillo de Windsor, o a los amaneceres de la campiña francesa.
Revisaré entonces dentro de mi vida, cada instante de su mágica presencia; recuerdos imborrables que nos pertenecen, a mi y a ella.
De ahora en más la observaré sin prisa porque mi ubicación será perfecta. La veré desde arriba; ya no sucederá como antes, será del otro lado de la vida.
viernes 4 de diciembre de 2009
El orgullo de mi alma
sábado 1 de agosto de 2009
La poca cabeza de mis padres
¿Quién entiende a los adultos? Hablan de muchas cosas; a veces incongruencias, pero ¿cuál es el verdadero sentido de lo que se dice metafóricamente hablando? ¿Cómo sería la vida vista a través del simple criterio de un niño?
Esa tarde Pablito jugaba en su habitación y tenía orden de su mamá de no salir de allí, por encontrarse afectado por un fuerte catarro. De pronto, escuchó que sus padres mantenían una conversación al otro lado de la habitación y algo llamó su atención.
- No lo puedo creer ¿dónde tenés la cabeza?- dijo la madre; a lo que el padre respondió:
- No me hagas reír, yo no tendré cabeza pero tú la tienes en los pies
Pablito trató de interpretar tan extraña conversación para poder entender la situación, pero pensó que debía tratarse de un raro juego, donde el papá debía esconder la cabeza y su mamá tenía que encontrarla.
Sin dar demasiada importancia al asunto, el niño continuó con el armado de un fuerte que había recibido recientemente como regalo por su cumpleaños número cinco. Puso extremado cuidado en formar las columnas de soldados y se concentró en cubrir todos los puestos de vigilancia.
En la otra habitación, el diálogo entre sus padres fue subiendo de tono hasta convertirse en una discusión. Pero éste no era el razonamiento de Pablito, que continuaba creyendo que se trataba de un inocente juego.
- ¡No me llames cabeza hueca, porque tú eres un descerebrado. - increpó su mamá, a lo que el papá exclamó: - ¡Quién no tiene la cabeza bien puesta eres tú!
Pablito dejó de jugar y se sorprendió ante la confusa situación. Sus padres ya no jugaban, solo se recriminaban entre sí. Aparentemente y a su entender, a su papá se le habría ido la mano y no podía acomodar la cabeza de su madre, que ahora la llevaba en los pies. Seguramente ella habría tomado represalias y le habría quitado el cerebro.
Pablito estaba horrorizado, pero tenía orden de no salir de su habitación y no lo haría justo ahora que seguro, no era el mejor momento. Atemorizado, pegó su cabecita a la pared contigua para escuchar con claridad lo que sucedfía. De pronto su mamá vociferó: - ¡Lo único que sabes hacer es procurarme dolores de cabeza!
- Pobre mamá - pensó el niño - no puede siquiera tomar aspirina, porque si su cabeza está hacia abajo, el agua del vaso se le derramará encima. - Hubo otro grito; esta vez era su papá:
-¡Deja de regañarme que Pablito te escuchará! es muy pequeño y no debemos llenarle la cabeza.
Con ese comentario el niño se sintió más aliviado y decidió terminar tan dramática situación. Despacio, titubeante, pero más tranquilo, se acercó a la puerta que lo separaba de sus padres y en un impulso de coraje la abrió de par en par.
Allí estaban sus progenitores, que para su sorpresa, ambos tenían la cabeza donde debía estar, sobre sus hombros.
Pablito pasó del incipiente alivio a la inesperada desilusión, al descubrir una vez más, que la mayoría de las veces, los adultos dicen una cosa y terminan haciendo otra.
domingo 26 de julio de 2009
Otra tarde de chocolate
Reunirnos en la casa de mis abuelos los domingos a la tarde, era un clásico para mi familia. Tal vez por no coincidir en horarios o porque los mayores trabajaban gran parte del día, prácticamente no nos veíamos durante la semana, pero el domingo los preparativos en aquella casa comenzaban desde muy temprano.
Mi abuela se regocijaba vistiendo la amplia mesa con un mantel blanco bordado por sus propias manos. Con gran ansiedad aguardaba el momento en que irrumpiéramos y que según sus palabras, desterraba el mutismo de la silenciosa residencia que iba tomando vida a medida que llegábamos.-
Los saludos entre primos, sobrinos y tíos parecían no tener fin y los más pequeños competíamos por ganar un lugar en la falda de la abuela o en los brazos del tata. Ambos eran muy cariñosos y nos daban todos los gustos, motivo por el que a veces nuestros padres rezongaban; pero ellos hacían oídos sordos y además lo disfrutaban.
El chocolate caliente perfumaba toda la casa y las tortas parecían acomodarse en sus bandejas tratando de lucir más lindas; pero había una que era especial, la que dejaba salir desde su centro, un puñado de cintas de colores que caían a su alrededor. Aquella torta de chocolate se dejaba para el final siendo el deleite de los más pequeños.-
Mis primos y yo recorríamos la casa en busca de la sorpresa, que sabíamos, nuestros abuelos nos tenían preparada. La misma se repetía domingo tras domingo, por lo que ya la conocíamos, pero igual nos encantaba.-
Levantábamos almohadones, mirábamos detrás de las puertas, debajo de las alfombras y revisábamos cuidadosamente los jarrones, hasta que uno de nosotros alertaba a los demás con un grito triunfal “¡Aquí están! “ En una loca carrera llegábamos hasta allí, para que el mayor, que apenas tenía seis años y ya sabía leer, repartiera riquísimos chocolates rellenos que mi abuela había preparado y etiquetado con el nombre de cada uno de nosotros. Nos sentábamos en la amplia escalera de mármol que daba a las habitaciones, y disfrutábamos saboreando la golosina tan esperada.-
Luego el gran momento, el chocolate humeante en las tazas era la señal de que en instantes más, partirían la torta especial, la decorada con cintas de colores.-
Entre quejas y empujones, los más chicos rodeábamos la mesa y cada uno tomaba el extremo de una cinta; a la cuenta de tres y mediante alguna advertencia por parte de algún adulto, tirábamos suavemente con temor de que la torta se desmoronara.
Los gritos y las risas no se hacían esperar y a quien le quedaba la cinta trancada daba saltos de alegría por ser el favorecido. Entonces aparecía mi abuelo haciendo una especie de entrada triunfal, sosteniendo una bolsa de chocolates para el ganador y silenciando las protestas de las madres por tanta golosina con una sola frase “ Ustedes a educarlos; nosotros a malcriarlos”.- Entre besos y abrazos, había llegado a su fin, otra tarde de domingo en la casa de mis abuelos; otra tarde de chocolate entre mis más dulces recuerdos.-
viernes 26 de junio de 2009
No tiene corazón
- Hola ¿quién habla?
- ¿Eugenio?
- Si
- Soy José
- ¿Qué dice José, cómo está?
- Bien, bien, lo llamo porque acabo de recibir una carta que me ha dejado perturbado.
Es que desde que doña Matilde se radicó en Suiza con su hijo,hace de esto más de cinco años, nunca se había puesto en contacto conmigo.
Siempre pensé que a este pueblo no llegaría correspondencia desde tan lejos, pero ya ve, llega, así que lo llamo para contarle lo que me dice Matilde en su carta, que me ha sorprendido en gran forma. Entiendo que en Suiza estén muy adelantados y que la tecnología aplicada a la medicina ha logrado progresos increíbles, pero lo que me ha escrito esta señora supera ampliamente la imaginación de cualquier individuo, incluso la mía.
- Pero cuente José ¿qué es lo que le ha dicho?
- Resulta que el hijo de Matilde, aquél que nació con un soplo en el corazón ¿lo recuerda?
- Si, sí lo recuerdo.
- Bueno, mire Eugenio, estoy muy nervioso, creo que será mejor que le lea la carta:
“Montevideo dos de Setiembre de…”
- ¡Vamos José, sin preámbulos hombre! trate de obviar el principio.
- Bueno está bien, iré directo al grano:
“ … Le escribo porque no se a quién acudir. Estoy en un país que no es el mío y no he sabido ganar grandes amigos. Además usted conoce a mi hijo desde que era un niñito y bueno, soy una madre desesperada. Yo sé que mi nene nunca ha sido lo que se dice, derecho, pero las madres queremos a nuestros hijos tal como son.
Todo comenzó cuando fue al hospital a controlarse porque tenía palpitaciones; allí conoció a una chica que trabajaba de doctora. La cosa es que se enamoró de ella como un tonto, pero ella sólo se burló de él; nunca quiso verlo más que como a un paciente ¿me entiende? y lo único que hizo fue arrancarle el corazón”
- ¿Se da cuenta Eugenio, a lo que llegan los médicos?
- Siga José, siga leyendo.
- Continúo:
“Esta situación ha desquiciado a mi hijo y ahora anda dando tumbos por ahí. Si antes no andaba derecho, ¿imagínese cómo anda ahora?. El chico se me tuerce del todo y no sé qué voy a hacer”
- Dios santo José, no se puede creer; usted me deja anonadado.
- Yo me siento abrumado Inocencio. Para colmo, el chico se está torciendo, claro, como no tiene corazón debe producirse un desequilibrio en su cuerpo ¿no?
- Pero dígame algo José, ¿cómo vive el muchacho si no tiene corazón?
- ¿Qué se yo? Mire Eugenio, la ciencia avanza a pasos agigantados y más aún por aquellos lares.
Pero beno, le sigo leyendo:
“...No sabe como me arrepiento de haberme ido de mi país, de mi pueblito querido, porque nada ha de ser peor para una madre que tener un hijo descorazonado. Disculpe usted que le caiga con todas mis angustias, pero siempre lo consideré una buena persona; alguien que sabe escuchar”.
- Dirá leer José, porque se trata de una carta. ¡Ah mujeres!
- ¡No sea tonto Eugenio! Matilde termina mandando saludos a todos los que le conocen; pobre mujer, yo creo que al hijo por ser inmigrante lo han tomado como conejillo de Indias, porque esa técnica debe ser nueva y seguramente la prueban con los de afuera.
- ¡Qué barbaridad José, cómo para no quedar usted trastornado con esta noticia!
- Lo dicho Inocencio. Pensar que yo doné mi corazón el año pasado cuando me operaron de apendicitis, pero habiéndome enterado de que se puede vivir sin él, mañana mismo iré al hospital para que me saquen de la lista de donantes, porque está bien ser humanitario, pero que me lo quiten por gusto no lo voy a permitir.

martes 23 de junio de 2009
Un bello tributo
Querido Mario Benedetti, se que puedo contar contigo, porque ya antes lo hice desde tus libros, tus letras te perpetúan en el recuerdo y en la enseñanza, esa que no emana en las universidades y si en el compromiso de vida que asumiste como guía para muchos que en momentos de incertidumbre nos mostraste una luz al final del túnel
Apenas leí una ínfima parte de tu prolífera obra, pero debo confesarte que fuiste recurrente en tu empecinada seducción de leerte y digo bien leerte, por que SOS a trabes de mi mirada el creador y el personaje de tu Historia. Nos enseñaste que “El sur también existe” con “Otro Cielo” se puede ser “Testigo de uno mismo” por que yace en “La borra del café” y allí parado en el “Andamio” nos dijiste “No te salves” por que aún con “El lado oscuro del corazón” se puede ver la “Primavera”. Esa fue tu “Táctica y Estrategia” y a pesar de que me siento como una “Esquina Rota” “Gracias por el fuego” y por recordarme que soy parte de tu “Cielito del 69”
Angela Farías
Homenaje en Consejo Directivo de AGADU (Uruguay)
sábado 13 de junio de 2009
No te salves
No te quedes inmóvil al borde del camino, no congeles el júbilo no quieras con desgana, no te salves ahora ni nunca, no te salves no te llenes de calma, no reserves del mundo sólo un rincón tranquilo, no dejes caer los párpados pesados como juicios, no te quedes sin labios no te duermas sin sueño, no te pienses sin sangre, no te juzgues sin tiempo, pero si pese a todo no puedes evitarlo y congelas el júbilo y quieres con desgana y te salvas ahora y te llenas de calma y reservas del mundo sólo un rincón tranquilo y dejas caer los párpados pesados como juicios y te secas sin labios y te duermes sin sueño y te piensas sin sangre y te juzgas sin tiempo y te quedas inmóvil al borde del camino y te salvas entonces no te quedes conmigo.
Mario Benedetti (Uruguay 1920 - 2009)
lunes 25 de mayo de 2009
Los que se aman
Los que se aman no se callan lo que sienten y dibujan corazones a escondidas. Sus manos se entrelazan en caricias y el cielo los observa desde arriba.
Los que se aman son hijos de la luna, que asombrados descubren la armonía, y detienen los relojes en el tiempo, en cada beso de cada despedida.
Los que se aman no ven a quien los mira y se amparan en lo oscuro de la noche. El cofre de recuerdos se desborda y las canciones son siempre a la medida.
jueves 21 de mayo de 2009
Lo sabía
lunes 2 de febrero de 2009
A mis Amigos del alma
Pasaron más de mil lunas, otros rumbos caminamos; alegrías, descendencia, sinsabores desengaños...
El tiempo pasó de prisa y los recuerdos afloraron; se asomaron uno a uno buscando el lugar exacto. Allí; entre los mejores, donde están los que yo amo. Se quedaron dobladitos donde no fueran borrados. Privilegiada memoria que me devuelve mis pasos, me retrotrae a la infancia para volver a gozarlos. Incomparables momentos que aún sigo saboreando; los revivo, los desdoblo, les sonrío, los abrazo. En ellos están mis amigos, los de siempre, mis hermanos.; los que el alma te aconseja que no les sueltes la mano. Esos locos endiablados que llenaron mis espacios, con aromas y sabores; con un especial encanto. Así hemos escrito la historia, con mano firme en el trazo; declarando amor perpetuo para poder resguardarlo. Así nos encuentra; juntos, amigos como hermanos. Contando las mismas cosas que vivimos otros años; unidos en comunión para nunca separarnos. Porque ni la vida, ni la muerte, jamás podrían lograrlo.
En memoria de mi adorado Hermano Hugo.
sábado 3 de enero de 2009
Felicidad
jueves 20 de noviembre de 2008
Publicacion de un Poema de Martina
Y como dice el dicho: "De tal Palo, tal astilla". Los chicos son capaces de crear grandes cosas.
Aquí va una muestra de lo que escribe Mati, cuando tiene ganas ... claro.
(clic en el enlace de Accu-Chek)
ACCU-CHEK® Uruguay
sábado 8 de noviembre de 2008
No va más ... (cuento)
El portero pronunció su nombre y lo saludó por lo bajo, cuando lo vio entrar por la puerta giratoria del Casino.
Sin más, Albert se dirigió a la mesa número cuatro en el momento en que el crupier cantaba el usual “No va más…”.
En ese instante sintió la vibración de su celular con la entrada de una llamada y se alejó del lugar para contestarla:
– hola amor, que necesitas, aún estoy en la oficina y voy a llegar tarde otra vez por lo del balance –
Al otro lado de la línea, la voz de su esposa sonaba bastante crispada. Albert intentó calmarla.
– te prometo que será la última vez – le dijo como para tranquilizarla.
Guardó el celular y se acercó nuevamente a la mesa para comenzar a apostar.
Ganó dos veces seguidas.
Se dirigió a la salida en un intento por retirarse del lugar, pero regresó para jugar una vez más. Sabía que era su noche de suerte y no la iba a malograrJugó por tercera vez, a primera docena y ganó nuevamente. Contó todas las fichas: eran muchas, tantas como para pagar la mitad de la deuda que lo atormentaba, pero decidió seguir una corazonada y las puso a un pleno en el número diecisiete.
Sus manos temblaban ante tal acción pero el impulso era irresistible. No sabía si hacía lo correcto, pero el pronto vencimiento de los plazos para terminar de pagar la casa, fruto del esfuerzo conjunto con su mujer, lo terminó por convencer.
La bola comenzó a girar y el círculo de números se convirtió en un espiral infinito ante la mirada fija de Albert. Pensó en sus hijos pequeños y en su mujer; ellos confiaban en él.
El crupier lo observó y esbozó una sonrisa que pronto se transformó en una mueca de asombro, cuando finalmente cantó: – ¡ Negro el diecisiete ! –.
Los silbidos de aprobación y los aplausos por parte del público que rodeaba la mesa, no se hicieron esperar.
Sin salir de su asombro, Albert fue acompañado por dos empleados del Casino para realizar los trámites pertinentes, luego de hacer algunos arreglos, para depositar el dinero directamente en un Banco.
Ya en la calle, sintió nuevamente la vibración del celular; era su esposa quien lo volvía a llamar, pero no la atendió; quería darle personalmente semejante noticia. Además, sabía que antes de poder contarle, ella comenzaría a hacerle reproches sin escuchar razones y empañaría la alegría que él sentía en ese momento. Recordó las discusiones al respecto, pero ahora, sólo formarían parte del pasado.
Esta vez todo sería diferente, ¡había ganado un millón!! Las palabras retumbaban en su mente al pronunciar semejante cifra; nadie se lo echaría a perder.
Subió al auto, lo puso en marcha y se dirigió a su casa. Durante el trayecto las ideas iban y venían, mientras apretaba a fondo el acelerador con el fin de llegar lo antes posible a su hogar. Tomó una curva cerrada sin aminorar la marcha y rápidamente perdió el control del vehículo, que derrapó y giró como un trompo hasta quedar fuera del camino.
El destino quiso que se salvara. Los paramédicos llegaron al lugar, lo revisaron y le curaron algunas contusiones.
Al verlo más calmado y luego de constatar que no presentaba gravedad, lo trasladaron a la casa.
Su mujer estaba consternada ante lo ocurrido. Al día siguiente, a raíz de algunas actitudes por parte de su marido, percibió que algo no estaba bien.
Albert no recordaba nada de lo ocurrido antes ni durante el accidente; nada de lo acontecido aquel día, le venía a la memoria. Su esposa no le dio mayor importancia y lo tranquilizó diciéndole que debió haber sido un día como tantos; le explicó que había trabajado hasta tarde y el cansancio, y las preocupaciones habrían sido los causantes de un accidente que pudo ser fatal.
Esas palabras trajeron a la frágil memoria de Albert, el recuerdo de la deuda de su casa. El tiempo apremiaba y sabía que no tenía solución. Había golpeado todas las puertas para que lo ayudaran pero no sucedió.
Miró a su mujer, ella siempre guardaba una esperanza; decía que él, tarde o temprano lo solucionaba todo. La vio salir del dormitorio, y entonces se levantó, hurgó entre sus papeles y separó uno de los documentos; luego abrió el cajón de su mesa de noche, tomó el arma y se suicidó.
Su esposa sintió un estruendo que provenía de la habitación y corrió a socorrerlo; estaba tendido en el suelo sobre un charco de sangre.
Encima de la cama, se hallaba el seguro de vida que pagaría la hipoteca de la casa.
sábado 16 de agosto de 2008
Santa Teresa y el mar
Solo el murmullo del mar; es todo lo que escucho en este soleado día que me invita a despertar la pluma, que yace olvidada en el fondo de mi bolso desde hace tiempo.
Cansada de arrugar borradores que quisieron ser y no pudieron, se levanta titubeante, en busca de la palabra apropiada para que yo la escuche. Se interna en lo profundo de mí ser y se sumerge, urgente de una esencia inspiradora, que por fin logra. Mi boca se llena de vocablos que en impecable orden, se acomodan como pueden para decir algo coherente. Aquí me encuentro; sentada frente a esta inmensidad de aguas transparentes, viendo avanzar despacio a las olas silenciosas, casi como el náufrago que cansado de nadar, llega aletargado a la orilla y desfallece. Desde este alto, siento que puedo tocar el cielo o inclinarme para besar el mar. Puedo ver a las olas bordar con su blanca espuma, las infinitas vueltas de una suerte de enagua de novia que se forma en la orilla. Un verde follaje rodea el camino que lleva al mar. A lo lejos, emerge un cinturón de doradas arenas, que oficia de marco para este milagro que nos regala la vida. Mis ojos se pierden en el horizonte, donde las aguas se confunden con el cielo, como pincelada inconclusa de este cuadro viviente que me subyuga y me conmueve cada dìa. 
martes 5 de agosto de 2008
Mi Peque adolescente
Con la frescura que le dan sus pocos años y el privilegio de sentir la rebeldía, va impregnando con aroma de inocencia
los rincones de mi tiempo y de mi vida.
A veces, único refugio de mis pensamientos, hace presente
Un caudal inagotable de experiencias no vividas y el desenfado en la mirada, tantas veces perdida, dan el marco adecuado a la hora de encontrarle una noble descripción a mi creación divina.
Arrebato silencioso que me asecha inadvertida, llevándose su niñez, como un ladrón, a escondidas.



















